A veces pasamos por temporadas en las que nos sentimos tristes, anclados, perdidos o apagados. Nos cuesta ver la salida o no sabemos por donde empezar. Una de las cosas que he aprendido durante este último año es, que si realmente quieres cambiar puedes hacerlo. Todo es cuestión de tener una actitud positiva y de cambiar la perspectiva y nuestros pensamientos.
Esto, no es algo fácil, sino todo lo contrario. Requiere esfuerzo, diferentes técnicas, tiempo, dedicación... pero sobre todo motivación y actitud. Lo fácil es quedarse anclado sin poner a trabajar nuestro cerebro, porque éste, es nuestro motor que debemos hacer funcionar.
Otra de las cosas más importantes que he aprendido es, que la queja no sirve de nada más que para seguir en el mismo lugar, cambiar la actitud y dejar de culpar al resto de personas o circunstancias de nuestras ''desgracias'' para hacernos responsables de las mismas. Cuando tomamos la actitud de responsabilizarnos, automáticamente cambiamos nuestros actos, comenzamos a buscar soluciones.
Está demostrado que la mente puede provocar cambios físicos y psíquicos en las personas. Nuestros pensamientos afectan tanto a la mente como a nuestro cuerpo.
Para cambiar el ''chip'' el primer paso es querer. El segundo la acción. A cada persona le funcionan diferentes técnicas, todo es cuestión de buscar la tuya. Hay personas que practican deporte, otras la meditación, otras dibujan, escriben, pasean... Debes buscar un campo en el que te sientas a gusto, y que tras realizarlo te sientas mejor. Evidentemente puedes realizar varias.
La mente se puede reestructurar a pensamientos positivos, pero nada cambia si nosotros no hacemos lo necesario para ello.
Los sentimientos negativos, frustrantes y de inseguridad durante años, permiten que el resto nos haga daño y pueden llevarnos a situaciones extremas. Si tenemos pensamientos negativos automáticamente tendremos sentimientos negativos. Por ejemplo, si piensas que no eres válido en tu trabajo, no confías en que seas capaz de sacarlo adelante, seguramente no lo harás. Si piensas que sentimentalmente siempre te van a hacer daño, seguramente lo harán. Porque tú, al pensar negativamente estás dejando la puerta abierta a que todo ello suceda una vez tras otra.
Cambiar este tipo de pensamientos a positivos es un trabajo muy difícil pero posible, cuanto antes comiences a ponerlo en práctica, tu cerebro se irá acostumbrando creando nuevos circuitos neuronales. Esto es, dicho de un modo sencillo, porque las neuronas se comunican unas con otras y tú, al haber pensando negativamente durante tantos años, has creado unos circuitos neuronales negativos, que responden automáticamente de esa manera. Nuestra mente se hace adicta a patrones de comportamiento que hemos adquirido durante años, si cambiamos las rutas de los sentimientos negativos a positivos, nuestra mente se hará adicta a estos nuevos patrones.
Toda transformación suele comenzar cuando eres capaz de enfrentarte a tus miedos. Por pequeños que sean. Debes ser capaz de dar un paso al frente y comenzar a hacer todo aquello que te de miedo. Para ello, debemos ser conscientes del problema y pasar a la acción, celebrando cada pequeño paso que vamos superando. Si cada logro que obtienes lo menosprecias no avanzarás, piensa que no tiene ningún sentido boicotearte a ti mismo, que eres con quién vas a estar toda la vida.
Otro factor importante es el autocontrol. Sentir que tú tienes el mando de tu vida, sentir que te estás creando a ti mismo, personalmente, laboralmente y no sentir que los factores externos influyen en ti, es un paso fundamental para el cambio. Quién está al mando de su vida deja de instalarse en el lamento, en la queja y se refuerza a sí mismo.
Debes buscar un por qué, un objetivo claro en tu vida que te haga sentir la motivación necesaria para pasar a la acción, para avanzar cada día. Si te instalas en el lamento no podrás dar un paso al frente. Para ello, debemos crear pensamientos positivos manteniendo una actitud consciente, expresando emociones de gratitud y disfrute y teniendo una buena autoestima y aprecio hacia nosotros mismos, ya que si no tenemos una buena relación con nosotros mismos será muy difícil tenerla con el mundo. También, debemos rodearnos de personas que ya tengan este tipo de actitudes, si nos rodeamos de personas con actitudes negativas, frustradas, pesimistas, inseguras... influirán en tu manera de pensar y de interpretar todo lo que te sucede. En resumen, hay personas que purifican mientras otras contaminan.
Destacar, la visualización. Es otro de los primeros pasos que hay que llevar a cabo. Si te visualizas a ti constantemente dónde quieres estar, a donde quieres llegar, quién quieres ser, tu cerebro se irá acostumbrando y tú irás sintiendo esa motivación dada por la felicidad de creerlo. Al igual que las afirmaciones positivas como ''soy capaz'' ''yo puedo'' ''yo lo haré''. Ahora bien, las afirmaciones y visualización, para que puedan llevarse a cabo requieren de actitud y acción. Si no, no servirán de nada.
Por otro lado, para poder buscar soluciones debemos aceptar la realidad y adaptarnos a ella para poder ser personas resilentes y resistentes.
El psicólogo Carol Ryff definió a una persona saludable psicológicamente mediante uno serie de dimensiones:
1- Control ambiental. Sentir que está al mando de su vida, que es competente y capaz de crearse su estado mental, su actitud y la forma de encarar las circunstancias.
2- Crecimiento personal. Es la sensación de verse a uno mismo en constante evolución positiva, progresando.
3- Propósito de vida. Saber que es lo que quiere y sentirse resilente. Siente que está preparado para todo.
4- Autonomía. Libertad interior, se refuerza a sí mismo, se crea a sí mismo.
5- Autoaceptación. Actitud positiva ante todo lo que pueda venir. Se quiere y se valora, se tranquiliza a sí mismo aceptando.
6- Alturismo. Tiene carácter generoso.
Por otro lado, cuando una persona vive instalada en la queja se le denomina como persona ''derrotista''. Persona que cree que el cambio es imposible, que son historias. Esto es, porque la persona no tiene ningún control sobre sí mismo, tiene actitudes de no mejorar y de no avanzar. Lo ve todo como un problema, se deja pisotear. No se acepta ni se valora, utiliza las relaciones para dar pena y quejarse.
Martín Seligman sintetiza tres dimensiones de bienestar.
1- La vida placentera. Capaz de traer al presente lo mejor del pasado, disfrutar del presente y esperar lo mejor del futuro.
2- La vida comprometida. Vivir las fortalezas humanas capaces de proporcionarnos experiencias,
3- Vida significativa. Crear felicidad.
Evidentemente este es un tema muy complejo en el que seguiré hablando en el artículo siguiente.
Ahora, está en tus manos decidir que tipo de persona quieres ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario